jueves, 23 de agosto de 2012

Teatro Romántico y Moderno


INTRODUCCIÓN

Las Artes Escénicas son las artes destinadas al estudio y práctica de cualquier tipo de obra escénica o escenificación, toda forma de expresión capaz de inscribirse en la escena: el teatro, la danza, la música y en general, cualquier manifestación del denominado mundo del espectáculo o que se lleve a cabo en algún tipo de espacio escénico, habitualmente en las salas de espectáculos, pero también en cualquier espacio arquitectónico o urbanístico construido especialmente o habilitado ocasionalmente para realizar cualquier tipo de espectáculo en vivo, como ocurre con los espectáculos ambulantes (como el circo, el guiñol, los tradicionales cómicos de la legua y comedia del arte o el actual teatro callejero
En el desarrollo de las Artes escénicas mediante el tiempo ha ido evolucionando, esta vez nos adentramos  en el Teatro Romántico y el Teatro Moderno, de como estas dos corrientes fueron influenciadas , por una parte el Teatro romántico( comienzos siglo XIX) basado en el drama y la tragedia, mientras a finales del siglo XIX se cambia el drama por algo mas real dándole cabida al teatro moderno, donde hablaremos que es cada uno de ellos, cuales son sus mas grandes exponentes, sus influencias, que los caracteriza  y el periodo que abarcaron en la historia y que podemos rescatar de ellos en la actualidad.



                          
                     TEATRO ROMÁNTICO

Teatro del siglo XIX
El siglo XIX es una época de cambio en Europa, pues se produce una revolución política, social y económica, además de la llamada “revolución industrial”, que hace variar la composición social de los pueblos.
Para el teatro es un siglo de progreso, en primer lugar en el arte de escribir teatro. Se buscaba un cambio y una mejora artística, y al mismo tiempo aparecen nuevos auditorios, un público formado por la burguesía y las capas populares, generalmente poco instruidas, que buscaban en el teatro una forma de entretenimiento, de evasión.
Los autores pasaron del Clasicismo al Romanticismo, y de éste al Realismo. Podríamos decir que, al igual que el Renacimiento se inicia en Italia mucho antes que en otros países de Europa, el Romanticismo se adelanta en Alemania más de medio siglo a los movimientos plenamente románticos franceses y españoles. Por ello, este tema debemos iniciarlo en el último tercio del siglo XVIII alemán y prolongarlo por el primer tercio del siglo XIX, etapa en la que enlaza con los romanticismos vecinos ya citados.
Por otro lado, nos parece justo y oportuno hacer un breve recorrido por la tradición teatral germana que desemboca en los periodos que aquí nos ocupan. La escasa organización -aunque no tanto como se ha venido diciendo- del teatro germano, en los dos siglos precedentes, se viene achacando tradicionalmente a causas tales como la falta de centralismo político-cultural; a las presiones de la ideología luterana; al uso del latín por los escritores...
Digamos, de entrada, que en las provincias alemanas nos encontramos, desde tiempos inmemoriales, con un intenso cultivo del espectáculo y de las fiestas populares. Su mejor manifestación está en los carnavales, famosos aún hoy en día, particularmente los de Colonia, Lúbeck o Nuremberg. En Nuremberg, precisamente, surge una figura entrañable que no sería justo echar en olvido: el zapatero-poeta Hans Sachs (1494-1576), inmortalizado por Wagner en Los maestros cantores. Cuentan que Sachs llegó a componer más de dos mil juegos de carnaval, en los que la farsa pícara se aliaba con los consejos morales.
Durante los siglos XVI y XVII el teatro es alentado en Alemania por los jesuitas y las compañías inglesas ambulantes. Los jesuitas, a los que es obligado referirse, cultivaron el teatro en las provincias en las que el catolicismo no fue destronado por los luteranos. El teatro se convierte en sus manos en instrumento pedagógico y propagandístico de la ideología católica. Teatro, pues, ad majorem Dei gloriam; pero, sin duda alguna, teatro de gran mérito. En unión con los príncipes católicos, que ponían a su disposición toda clase de medios técnicos y económicos, este teatro de escuelas se convirtió en una manifestación muy digna: por su calidad de juego, por sus textos y escenografía. Solían representar historias bíblicas, vidas de santos mártires, pero también piezas latinas y creaciones costumbristas según el gusto de la época. Este teatro se hacía en latín, lengua que no era la habitual del pueblo. Por ello mismo, los encargados de ordenar la fiesta pensaron que esta dificultad lingüística debía ser compensada con el propio espectáculo a fin de que el pueblo se distrajera y siguiera el hilo de la historia. Para ello desarrollaron considerablemente los elementos visuales: decorados pintados que cambiaban a la vista del público, vestuarios de auténtico lujo, accesorios de toda especie; incentivaron el papel de la música, en competencia con los luteranos, considerando los llamados interludios musicales como parte integrante y esencial de la tragedia; prodigaron las sorpresas y los toques efectistas: incendios, tempestades con sus truenos, relámpagos y rayos, milagros, apariciones...
Pronto comenzaron, además, a intercalar frases y escenas en alemán. Es curioso este fenómeno lingüístico que nos retrae a los inicios del teatro medieval en otros lugares. Este cultivo del latín en el teatro hasta mediados del siglo XVIII puede sorprendernos. Pero hemos de recordar que Leibniz, por ejemplo, escribía normalmente en francés y en latín; o que Federico II de Prusia usaba el francés en sus cartas y poemas, con desprecio del alemán, que según decía empleaba para hablar con sus criados, sus perros y sus caballos.
Tampoco se expresarán en alemán las numerosas compañías inglesas que deambulan por tierras germanas a partir de finales del siglo XVI, concretamente a partir de 1592, cuando aparece la primera de ellas en Frankfurt a las órdenes de Robert Browne. Estas compañías estaban generalmente dirigidas por un bufón o clown que solía quedarse, en las representaciones, con la parte más importante; de ahí que, aunque el repertorio se nutría de temas y obras del periodo isabelino, especialmente de Marlowe y de Shakespeare, las representaciones abundaban en bastonazos, momentos farsescos, bromas y chistes obscenos, peleas... Este bufón-maestro de ceremonias inglés estaba al corriente de los gustos del público popular al que se dirigía, así como de la tendencia germana hacia lo popular y festivo. De modo que las escenas de horror y de sangre se compensaban con la risa, a veces de sal gorda, provocada por los clowns ingleses -y algunos comediantes italianos- que, finalmente, se germanizó en una figura siempre presente en lo sucesivo: el personaje Hanswurst (etimológicamente, Juan Salchicha). Este Juan Salchicha recoge la tradición del personaje cómico medieval que aparecía en el teatro germano por farsas y misterios. Su importancia fue tal que a él se sometían las obras y su representación. De ahí que, ya en pleno siglo XVIII, en el que este socarrón Hanswurst seguía vivito y coleando, algunos pensaran que para que el teatro alemán entrase en la época moderna, había que empezar por dar muerte -con gran dolor de corazón- a Juan Salchicha, o, de no atreverse a tanto, debían expulsarlo de los territorios alemanes.
Pero, ¿cómo? Formulado de otro modo -para no tomarla tanto con el simpático Juan Salchicha-, ¿cómo acabar con las arlequinadas sin cuento, con las farsas groseras, con tantas puñaladas que hacían correr la sangre por el teatro alemán? Goethe pensó que bastaría, para neutralizarlo, con procurarle un honroso y diplomático matrimonio. Antes de él, Gottsched, profesor de universidad en Leipzig, pensó haber dado con la solución: aclimatar en las provincias alemanas a los franceses Moliére, Racine, Voltaire y, con ellos, el buen gusto y el decoro en la escena. Así lo pensó desde su tribuna universitaria, y así lo puso en práctica. Pero se equivocó, a pesar de haber contado para su proyecto y montajes con la colaboración de la extraordinaria actriz Caroline Neuber y con la ayuda de Federico II de Prusia. Todo quedó en unas ideas razonables expuestas en su monumental obra, La escena alemana, escrita entre los años 1741 y 1745.
Y es que Gottsched remaba contra corriente. Contra la corriente de ese sustrato germano que gusta ver mezclados lo vulgar y lo fantástico, lo lírico y lo dramático, la risa y el llanto... Ese sustrato colectivo constituía un terreno abonado no sólo para el inmediato Sturm und Drang, sino incluso para tendencias posteriores: romanticismo, naturalismo, expresionismo...; ese sustrato explica la favorable acogida de los ejemplos que el teatro futuro alemán debía imitar: los isabelinos y el teatro de Calderón, cuya dramaturgia entusiasmó a Schiller y Goethe y que, más tarde, Schlegel (1767-1845) propondría como modelo a los románticos en su Teatro español (1803-1809) y en su Curso de literatura dramática (1809-1811).

En el Romanticismo, el autor que conjuga teoría y práctica teatral, adelantándose al resto de Europa, es el alemán Goethe. Este autor no sólo escribió obras que forman parte ya de la literatura universal, como Fausto, el mito del hombre que vende su alma al diablo, sino que también reflexionó sobre el hecho teatral, en su novela “Wilhelm Meister”, donde sigue la trayectoria y el aprendizaje de un muchacho que se va a dedicar vocacionalmente al teatro. En esta novela considera que el teatro es el único arte que puede comunicar con multitudes por medio de la poesía. Como director de escena durante veintiséis años en la corte del duque de Weimar, procuró educar al público y a los actores, estética y moralmente. Estableció un adiestramiento disciplinado para dar al actor dignidad profesional y capacidad de interpretar toda clase de papeles. Consideraba que el actor estaba al servicio del autor y que el espectáculo teatral era el modo de reforzar la transmisión de la palabra.
Sturm und Drang        Friedrich Schiller
Las obras de Friedrich Schiller, contemporáneo y amigo de Goethe, corresponden al movimiento Sturm und Drang, que preludió al Romanticismo alemán y europeo. Fue durante toda su breve vida dramaturgo y gerente de teatro. Sus obras son dramas históricos, como la primera de ellas, “Los bandidos”, a la que siguieron otras, como “Don Carlos”, “María Estuardo” o “Guillermo Tell”. “Don Carlos” es una de sus más célebres obras; fue llevada a la ópera y trata sobre las extremadamente conflictivas relaciones del rey Felipe II de España con el príncipe heredero don Carlos, al que manda encerrar acusándolo de locura; es una obra manifiesto por la tolerancia. “Guillermo Tell”, por ejemplo, encarna también los anhelos nacionalistas de los pueblos que aparecen en el Romanticismo, en este caso, el nacimiento del nacionalismo suizo.
 El dramaturgo Kleist
Tanto Goethe como Schiller se esforzaron por alcanzar un ideal de belleza y anticiparon el movimiento romántico que se desarrollará en Europa cincuenta años más tarde. También a finales del siglo XVIII aparece la figura de Kleist, dramaturgo alemán de gran talento para la comedia y al que se considera el padre del drama psicológico.
 Víctor Hugo, el liberalismo en literatura
En Francia el Romanticismo en el teatro llega con el escándalo por el estreno de “Hernani”, de Víctor Hugo, en 1830. Hugo fundirá la tragedia y la comedia en el género llamado drama, como ya hicieran antes los alemanes, siguiendo la línea del teatro barroco; desdeña las reglas clásicas aristotélicas, de tanto vigor en Francia, interesándose más por el color local, el carácter de los personajes y su simbolismo. Hugo declaró que “el Romanticismo es el liberalismo en literatura”, y defiende la total libertad del autor para sus creaciones. La representación de su obra “Hernani” dividió al público francés en partidarios del clasicismo y partidarios de la libertad romántica, en una verdadera batalla campal que se repitió durante las cuarenta y cinco representaciones que tuvo la obra.
Un teatro más ligero y menos polémico representa el melodrama y el vodevil que entretiene a la pequeña burguesía parisina. En esa línea, pero de mucha mayor calidad, encontramos a Alejandro Dumas, el hijo, que fue lanzado a la fama por su obra “La dama de las camelias”, llevada a la ópera por Verdi como “La Traviata”. Es el teatro de Dumas un teatro moral, crítico con el fariseísmo y la hipocresía burguesa de su época.
En España, los románticos se sintieron atraídos, como los europeos, por dramas históricos de escenarios insólitos, tenebrosos o exóticos, por personajes malditos, y por las tragedias en el que el amor y el destino llevan a un desenlace desastroso a sus protagonistas.
Destaca entre todas la obra de Hartzenbusch, “Los amantes de Teruel”, en que se da vida a una leyenda del siglo XIII. El Duque de Rivas escribe también un célebre drama histórico, llevado luego a la ópera por Verdi, “Don Álvaro o la fuerza del sino”, lleno de sucesos azarosos y truculentos. Otro de los grandes autores del teatro romántico español es José Zorrilla, que recrea de nuevo la figura del seductor demoníaco don Juan, en su obra “Don Juan Tenorio”, donde por primera vez el protagonista es salvado por el amor de doña Inés, y no condenado como sus antecesores.

CARACTERÍSTICAS.
Los dramas románticos se caracterizan por:
*El tema principal suele ser el amor, marcado por un destino trágico. También hay una preferencia por temas históricos, legendarios y caballerescos. Características del teatro romántico:
+Temas legendarios, caballerescos, aventureros, o de historia nacional, siempre dramáticos. Amor absoluto y sentimiento de libertad, frente a la libertad política del neoclasicismo
*Rechazo a las reglas neoclásicas de unidad de acción, lugar y tiempo. Como ocurría en el barroco
*Mezcla de lo trágico y lo cómico. Frente a la verosimilitud del barroco, está la expresión grotesca de la realidad del Romanticismo.
+Se aspira sólo a conmover, no a doctrinar como pretendía el neoclasicismo
*División del drama en cinco actos (frente a los 3 del barroco), escritos en versos de diferentes medidas, combinados, en ocasiones con la prosa. Polimetría del barroco frente a la monometría de neoclasicismo.
*Los personajes son: el héroe (misterio y pasión fatal) y heroína (dulzura, inocencia y pasión) marcados por un destino extraño, singular y misterioso (intriga teatral)
*Frente a la ausencia de acotaciones del neoclasicismo, ahora abundan tanto en la escenografía como en los personajes, en donde destacan las escenas nocturnas y sepulcrales, desafíos y suicidios (imaginación barroca frente a racionalización neoclásica)
*Estructura del drama: Frente a la monocorde unidad y disciplinada construcción del neoclasicismo, en el Romanticismo no aparece la libertad como principio artístico.
*El arte mismo es razón suficiente para el romanticismo, mientras que en el siglo de oro el arte es la imitación de la naturaleza.
 *Los protagonistas encarnan la idea de libertad.
    • El héroe romántico es un personaje misterioso que busca la felicidad, pero a quien persigue la desgracia. Es un seductor y un rebelde que no acepta normas ni imposiciones y que tiene algo diabólico.
    • La heroína romántica es una mujer bella, capaz de dar su vida por amor; con frecuencia sufre por su causa.
*El autor demuestra una importante preocupación social, pues escenifica los conflictos de su tiempo: la primacía del individuo sobre los códigos morales, la lucha por la libertad política, las pasiones y los conflictos del alma humana, etc.
*La acción se suele situar en épocas pasadas.
*Los ambientes preferidos son los medievales, los paisajes inhóspitos, los cementerios, los escenarios nocturnos con tormentas.
*El predominio de los efectos visuales en detrimento de la acción teatral ya que los nuevos inventos técnicos (gas, electricidad, proyectores, máquinas de vapor, máquinas elevadoras, escenarios giratorios) se incorporan a los dramas y los teatros compiten por conseguir los efectos escénicos más sensacionales.
*Renegar de todas las convenciones de la comedia neoclásica:
    • No tiene ninguna pretensión didáctica, su objetivo no es otro que el de conmover al espectador.
    • Se borra la separación entre tragedia y comedia.
    • Los actos ya no son cinco de forma obligatoria.
    • No se acepta la regla de las tres unidades: espacio, tiempo y acción.
    • Hay polimetría e incluso mezcla de prosa y verso.
*La importancia de los monólogos, pues a través de ellos se da a conocer los sentimientos más íntimos de los personajes.
El gran precursor del teatro romántico es, indudablemente, William Shakespeare. Con todo, el primer impulso del Romanticismo llegó de Alemania, en 1776 con el drama de Friedrich Maximilian Klinger, basado en el eterno tema del amor y de la guerra: Tempestad y asalto
*(Sturn und Drang), que se convirtió en el manifiesto de todo un movimiento contrario a la tradición clásica.
*Es un teatro de intrigas complicadas, de fantasmas, de bosques encantados, de ruinas grandiosas, de venenos, de claros de luna, y, por supuesto, de amor y de muerte.
*Se representan tormentas, incendios, erupciones volcánicas. Los decoradores se convierten en las verdaderas estrellas. Es decir, los efectos visuales prevalecen en detrimento de la acción teatral.
*En España el teatro romántico tuvo su modelo en el teatro francés, y los dramaturgos románticos españoles fabricaron un producto a imitación de los franceses.
*Don Álvaro o la fuerza del sino, el cual se estrenó en el Teatro del Príncipe (actual Teatro Español) de Madrid en 1835, del Duque de Rivas  o el Don Juan Tenorio, de Zorrilla son dos exponentes de este teatro.
*Otros autores que destacan en el teatro romántico son: Martínez de la Rosa con “La conjuración de Venecia” (1834) y Juan Eugenio Hartzenbusch con “Los amantes de Teruel”.
*El tema básico es el amor apasionado que choca contra las normas sociales; de ahí que casi siempre acabe en tragedia. Otros temas que predominan son: la fatalidad, la venganza...
* El marco de las obras suele ser de ambiente medieval.
*Se divide la obra en actos, entre uno y siete con métrica variada. Los actos se componen de cuadros.
* Se rechaza la regla de las tres unidades impuesta en la Ilustración
* La escenografía adquiere gran importancia, a partir sobre todo de la construcción de locales dedicados exclusivamente a las representaciones.
* Se da una mezcla de lo trágico y lo cómico.
* La finalidad no es educar, sino conmover.
*El lenguaje es retórico y grandilocuente.
* Tiene lugar una mezcla de prosa y verso contradiciendo así la estética neoclásica.
* El héroe masculino suele ser misterioso y valiente. La heroína es inocente y fiel, con una pasión intensa. Ambos están marcados por un destino fatal. La muerte es la liberación. Se da más importancia al dinamismo de las acciones que al análisis de la psicología de los personajes.
Teatro romántico en España
El teatro es pieza fundamental del amor en el salvador. Frente a dudas, se alza el drama romántico. Éste se plasma -fundamentalmente- en dos subgéneros: la tragedia y el melodrama -que eran los más adecuados a sus características- y desarrolla otro: la ópera;
El teatro romántico español lleva al escenario las tensiones de la sociedad y los conflictos existenciales del hombre, pero ambientadas en el pasado histórico o legendario de la Edad Media. Es un teatro de intrigas complicadas, de fantasmas, de bosques encantados, de ruinas grandiosas y, por supuesto, de amor y de muerte.
Obras del Teatro Español:
Don Álvaro o la fuerza del sino – Duque de Riva
Don Juan Tenorio - José Zorrilla
El burlador de Sevilla – Tirso de Molina 

TEATRO MODERNO

Durante la mayor parte del siglo XIX las ideas arquitectónicas y escenográficas se mantuvieron en esencia inalterables, si bien las exigencias de libertad creativa iniciadas por los autores románticos condujeron a fines de la centuria a un replanteamiento general del arte dramático en sus diversos aspectos.
Fundamental en este sentido fue la construcción del monumental Festspielhaus de Bayreuth, Alemania, erigido en 1876 de acuerdo con las instrucciones del compositor Richard Wagner, que constituyó la primera ruptura respecto a los modelos italianos. Su diseño en abanico, con la platea escalonada, el oscurecimiento del auditorio durante su representación y la ubicación de la orquesta en un pequeño foso, eran elementos concebidos para centrar la atención de los espectadores sobre la acción y abolir en lo posible la separación entre escenario y público.
Esta exigencia de integración entre el marco arquitectónico, la escenografía y la representación fue acentuada en los últimos decenios del siglo XIX y primeros del XX por la creciente importancia concedida a la figura del director gracias a personalidades como el alemán Max Reinhardt, autor de espectaculares montajes, el francés André Antoine, adalid del naturalismo, el ruso Konstantín Stanislavski, director y actor cuyo método de interpretación ejercería gran influencia sobre el teatro moderno, o el escenógrafo británico Edward Gordon Craig, que en su defensa de un teatro poético y estilizado abogó por la creación de escenarios más sencillos y dúctiles.

CARACTERISTICAS:
La aparición del teatro moderno, pues, se caracterizó por su absoluta libertad de planteamiento mediante el diálogo con formas tradicionales y las nuevas posibilidades técnicas darían lugar a una singular transformación del arte teatral. En el campo del diseño arquitectónico y escenográfico las mayores innovaciones se debieron al desarrollo de nueva maquinaria y al auge adquirido por el arte de la iluminación, circunstancias que permitieron la creación de escenarios dotados de mayor plasticidad (circulares, móviles, transformables, etc.) y liberaron al teatro de la apariencia pictórica proporcionada por la estructura clásica del arco del proscenio.


EXPONENTES DEL TEATRO MODERNO

Konstantín Stanislavski
Nombre completo Konstantín Sergéyevich Stanislavski
 Nacimiento 5 de enero de 1863, Moscú, Imperio ruso
Defunción 7 de agosto de 1938 (75 años), Moscú
Ocupación director teatral, actor
Movimientos Naturalismo, realismo socialista, simbolismo
Konstantín Stanislavski (en ruso: Константин Станиславский) seudónimo de Konstantín Serguéievich Alekséyev, actor, director escénico y pedagogo teatral, nació en Moscú en 1863 y murió en la misma ciudad en 1938. Fue el creador del método interpretativo Stanislavski.
En Moscú, cofundó en 1888 la Sociedad de Artes y Letras y fue nombrado su director. Se trataba de una agrupación semiprofesional sin teatro propio, cuyo objetivo era reunir a profesionales de los distintos campos del arte y presentar regularmente espectáculos para los socios, ofreciéndoles un repertorio de una calidad superior a lo que era habitual en el teatro ruso de finales del siglo XIX.
Entre octubre de 1898 y diciembre de 1899, el Teatro de Arte estrenó dieciocho montajes. Si el primer espectáculo (El zar Fiódor Ioánnovich de A. K. Tolstói) le aseguró a la compañía un público incondicional, el octavo (La gaviota de Antón Chéjov), estrenado el 17 de diciembre de 1898, le permitió adquirir el sentido de su identidad y un estilo de conjunto.
Fue nombrado miembro de la Academia de Ciencias de San Petersburgo en 1917 y Artista del Pueblo en 1936.
Además de dejar numerosas notas y apuntes, que han sido publicados tras su muerte, escribió dos libros: Mi vida en el arte y El trabajo del actor sobre sí mismo, cuya primera parte concluyó en 1937.


 Richard Wagner

Nacimiento 22 de mayo de 1813 Leipzig, Confederación del Rin

 Fallecimiento 13 de febrero de 1883 (69 años) Venecia, Reino de Italia Nacionalidad Alemana

 

Ocupación Compositor, director de orquesta, poeta, dramaturgo y teórico musical.

 

Richard Wagner, con nombre completo Wilhelm Richard Wagner (Leipzig, Reino de Sajonia, Confederación del Rin, 22 de mayo de 1813Venecia, Reino de Italia, 13 de febrero de 1883), fue un compositor, director de orquesta, poeta, ensayista, dramaturgo y teórico musical alemán del Romanticismo. Destacan principalmente sus óperas (calificadas como «dramas musicales» por el propio compositor) en las que, a diferencia de otros compositores, asumió también el libreto y la escenografía.
Inicialmente fundamentó su reputación como compositor en obras como El holandés errante y Tannhäuser que seguían la tradición romántica de Weber y Meyerbeer. Transformó el pensamiento musical con la idea de la «obra de arte total» (Gesamtkunstwerk), la síntesis de todas las artes poéticas, visuales, musicales y escénicas, que desarrolló en una serie de ensayos entre 1849 y 1852, y que plasmó en la primera mitad de su monumental tetralogía El anillo del nibelungo. Sin embargo, sus ideas sobre la relación entre la música y el teatro cambiaron nuevamente y reintrodujo algunas formas operísticas tradicionales en las obras de su última etapa, como en Los maestros cantores de Núremberg.
Su ópera Tristán e Isolda se describe a veces como punto de inicio de la música contemporánea.



domingo, 1 de julio de 2012

HISTORIA DEL TEATRO CLÁSICO FRANCÉS



INTRODUCCIÓN AL TEATRO CLÁSICO FRANCÉS
Como ya quedó dicho (cap. IV), en 1548 el Parlamento de París prohibió la representación de los Misterios. A pesar de ello, fuera de la capital, el género siguió en vigor. También se hacían farsas y moralidades que alcanzaron un auge impresionante durante el reinado de Francisco 1. Las farsas se representaban incluso en tiempos de Moliére. Por otro lado, el abandono de las moralidades y misterios tuvo por causa no sólo la prohibición del Parlamento o los ataques de los poetas renacentistas franceses (el grupo de La Pléiade), sino, más bien, el nuevo espíritu de la Reforma. Los protestantes no veían con buenos ojos que la Biblia provocase la risa en el teatro; los católicos, por el contrario, estaban de acuerdo con estas representaciones, pues pensaban que con ellas se mantenía el interés por los textos sagrados.
Otra razón del declinar de este género se encuentra en el favor concedido por los poetas renacentistas al teatro antiguo, a pesar de las reservas antes formuladas, considerado como contrario a la tradición francesa. Se traducía del griego al latín. Nuevas obras se representan en los colegios de París, escritas directamente en latín.

COLOR FUCSIA
Que se manifiesta o se realiza con mucha fuerza o energía: luz intensa; frío intenso.
Se aplica al sentimiento que es muy fuerte o vivo.

UBICACIÓN GEOGRÁFICA (MAPA)

















CONCEPTUALIZACIÓN
Clásico significa digno de imitación (del latín classicus: perteneciente a una clase, particularmente a una clase superior respecto de una inferior; o sea, lo que debe tomarse como modelo por ser de calidad superior1).
Sin limitarse a ninguna época o civilización en concreto, se reserva el calificativo de clásicas a las producciones culturales que alcanzan el rango de lo sublime, pero el concreto origen del término es como se consideraron en el Renacimiento y el Humanismo (siglos XV y XVI) al Arte y cultura grecorromanos, o sea, lo que seguimos llamando arte y cultura clásica, civilización clásica o civilización grecorromana.
La extensión posterior del uso del término hace que se aplique igualmente a una de sus partes, el periodo clásico del Arte griego (siglo V a. C. y siglo IV a. C.), posterior al periodo arcaico y anterior al periodo helenístico. Específicamente se suele periodizar así la escultura griega.

ESTRUCTURA
ESPACIOS ESCÉNICOS EN EL TEATRO FRANCÉS
Los Cofrades de la Pasión tenían como una especie de monopolio sobre las representaciones teatrales en la capital; se debía a un privilegio que mantuvieron incluso después de serles prohibida la puesta en escena de los misterios en 1548. En 1599, estos cofrades cedieron su sala, el Hotel de Borgoña, así como el privilegio de las representaciones, a la compañía de Valleran-Lecomte, que será conocida como la Compañía Real. En ella destacaron Turlipin, Grosguillaume y Gautier-Garguille en la farsa, y Montfleury, Floridor y la Champmeslé en la tragedia; esta última fue la intérprete de Racine por excelencia.
Pronto apareció otra compañía, dirigida por Mondory, que se estableció en la sala del juego de la Pelota del barrio aristocrático del Marais. En ella sobresalió el cómico Jodelet. Esta Troupe se inclinó por un teatro abundante en maquinaria. En 1673, a causa de una larga enfermedad de Mondory, se disolvió la compañía y los actores se marcharon, unos al Hotel de Borgoña y otros con Moliére.
Por su lado, la compañía de Moliére, que había hecho su carrera en provincias, se instaló en París en 1658, ocupando, dos años más tarde el Palacio Real, una magnífica sala construida por Richelieu. Destacaban en ella el propio Moliére, que solía hacer los papeles principales, y su mujer, Madeleine Béjart. Al morir Moliére, la compañía se fusionó con la del Marais. Algunos actores se marcharon con el elenco del Hotel de Guénegaud.
Las salas eran casi todas ellas antiguos locales destinados al juego de Pelota (Jeux de Paume), todos de forma rectangular. En París existían doscientas de estas salas. Así pues, fue fácil dar con los lugares de representación. Constaban de un patio, en el que solía instalarse de pie el público popular masculino, ya que las mujeres no frecuentaron el teatro hasta 1640. A partir de entonces, ocuparán los palcos y las galerías. Los espectadores son generalmente ruidosos y turbulentos, particularmente los del patio. Como en Inglaterra, en el último tercio del siglo se introdujo la costumbre de ceder parte del escenario al público noble. Si tenemos en cuenta que el escenario era ya de por sí escaso, este hábito poco beneficiaba el desarrollo del espectáculo.
En escena se sigue inicialmente la costumbre francesa del decorado múltiple; así se representó, por ejemplo, El Cid de Corneille. Evidentemente, estos decorados debían ser de proporciones tan reducidas que daban al traste con las exigencias de verosimilitud de los puristas. Se pensó, entonces, en la conveniencia del decorado único, en el que se practicaron diversas entradas que eran la representación convencional de los distintos lugares de procedencia, expresados en el diálogo de los personajes. Esto no evitaba la confusión en los espectadores, que no sabían muy bien dónde situar la acción cuando a la escena accedían personajes por diversas puertas. Ninguna solución llegaba a ser plenamente convincente, aunque la más criticada por los partidarios de las reglas, con gran ironía, era la de los decorados simultáneos, que pretendían «juntar en unos metros a Roma con París». La unidad de lugar, pues, era para ellos la única que podía ser figurada en escena de modo razonable. Fáciles son de adivinar también las razones por las que propugnaban la unidad de tiempo.
Apoyados en su propia tradición y en la influencia de los italianos, los franceses desarrollaron una decoración fastuosa, servida por maquinarias, frente al teatro realmente austero que preconizaban los preceptistas. Esta tramoya fue utilizada por la tragicomedia, y lo será por la ópera.
Por su parte el vestuario, como en el teatro inglés, constituye el elemento más colorista y ambientador de la representación, aunque no se acomodara a la época histórica del argumento. Por lo general, solían ser donados a los actores por grandes señores aficionados al teatro, como un signo de protección y ayuda al mismo.
Con Richelieu, los actores empezaron a gozar de una verdadera consideración, no sólo en lo económico, sino más aún, en cuanto a su reputación moral puesta en tela de juicio, como anteriormente indicamos, por distintos grupos moralizantes de signo religioso. Pascal, jansenista, dejó escrito en sus Pensamientos:
Todas las grandes diversiones son peligrosas para la vida cristiana; mas entre todas las que el mundo ha ingeniado, ninguna existe que haya tanto que temer como la comedia.

LA TRAGEDIA FRANCESA
Nace la tragedia en Francia en el siglo XVI, a partir del culto neoclásico que acabamos de citar. A la tragedia renacentista achacará Racine su escasa materia, en la que domina lo lírico y lo elegiaco. Se trataba de tragedias imitadas de Séneca, repartidas en cinco jornadas y versos alejandrinos. Las dos más conocidas fueron Cleopatra cautiva (1553), de Jodelle, y Las Judías (1583), de Garnier. A final de siglo se buscan temas más actuales. Un ejemplo de ello es La Escoce¬sa, de Montchrestien, sobre la muerte de María Estuardo.
Se da por sentado que Racine representa la cumbre de la tragedia clásica francesa. Advierte Truchet que, para llegar a esa cumbre, el género tuvo que desprenderse progresivamente de las dos tentaciones a que estaba cediendo con gran facilidad: la tentación poética y la tentación novelesca. Después de Racine -final del siglo XVII y todo el XVIII- a la tragedia francesa le asaltarán otras dos tentaciones que la privan de su tradicional vigor: la ópera y la filosofía.
Los mencionados excesos poéticos y novelescos consistían en el abuso de escenas tendentes a lo lacrimógeno y en la insistencia sobre los infortunios de los héroes, que exponen sus males en prolongados y patéticos parlamentos, dejando al coro que se deshaga en lamentaciones sobre su fortuna. Pero, en los comienzos del siglo XVII, ese exceso de poesía perdió terreno en favor de la acción concentrada y de los enfrentamientos de los personajes. Desaparecerán igualmente los coros que, para los renacentistas, constituían un componente clave de la tragedia. Poco a poco se perderá el gusto por la ordenación en estrofas -en particular las estancias (agrupaciones de versos, variables en cuanto a número, que guardan una unidad temática).
Por otro lado, no habría sido normal que, en un siglo en el que reinaba la afición por lo novelesco, el teatro hubiese escapado a esta influencia. Advirtamos que, como principales fuentes de inspiración, se cuenta con el Orlando furioso de Ariosto, Los amores de Teagenes y Clariclea de Heliodoro, Jerusalem liberada de Tasso, Las Metamorfosis de Ovidio, así como las fogosas intrigas y relatos de los dramaturgos y narradores españoles.

LA COMEDIA FRANCESA
Hemos hablado antes de los géneros más en boga durante el siglo XVI, la farsa y la comedia antigua, así como de la influencia del teatro español e italiano. Las nueve comedias de Larivey están tomadas del repertorio italiano, copiadas casi literalmente. La obra más conocida del citado Larivey, Los espíritus, que influirá en El avaro y La escuela de los maridos de Moliére, está íntegramente tomada de una obra de Lorenzo de Médicis. Se adapta también a los autores españoles. Rotrou, Scarron, los hermanos Corneille y el propio Moliére acusan estas influencias. El compilador Horn-Monval da una lista de más de cincuenta comedias francesas, copiadas de las españolas, entre 1625 y 1680; citemos, entre ellas, como casos más conocidos, El mentiroso de Corneille, a partir de La verdad sospechosa de Alarcón, y el Don Juan de Moliére, adaptación de El Buriador de Sevilla de Tirso.
Al margen de estas influencias, la comedia francesa, siguiendo en la línea de las farsas, prosigue una conducta crítica, en ocasiones realista-costumbrista. En La galería de palacio, Corneille pinta un lugar bien conocido de París, que da título a la pieza, con sus puestos de mercaderes, tiendas, y su ir y venir de compradores y ociosos. Moliére se centrará en la crítica a los defectos de su época.
Otro elemento importante es la propia lengua de los personajes. Para Moliére, la palabra, en la comedia, está hecha para explicar y hacer reír por sus contenidos y mensajes; pero también debe ser usada, en sus aspectos formales, para caricaturizar, tipificar a los personajes y, por supuesto, divertir. De ahí la abundancia en su obra de lenguajes y jergas dialectales alternando con el francés más correcto o con el latín macarrónico. También construye artificialmente lenguajes hipercultos para burlarse de forma despiadada de las preciosas de su época (véase Las preciosas ridículas).
El propio dramaturgo confiesa que su risa procede de la razón y de la naturaleza, lo cual a algunos puede parecer hoy en día una tesis progresista, y a otros una tesis reaccionaria. A veces, cuando su público andaba dividido en posturas encontradas -sobre todo en el periodo de 1660 a 1670-, Moliére parecía querer contentar a todos adoptando una postura intermedia. Así, mientras en La escuela de las mujeres advertía que los padres no deben dejar a sus hijos en la ignorancia, en Las mujeres sabias prevenía que una instrucción excesiva podría apartar a la mujer de su verdadero papel social y familiar.
Los sectores criticados por las comedias de Moliére mostraron su descontento, tal y como era de esperar. Con motivo del estreno del Tartufo, aquel descontento subió de grado, por lo que tuvo que remodelar la obra, obligado por las circunstancias. La primera versión, hoy perdida, de 1664, era una farsa en la que Tartufo aparecía con atuendos semieclesiásticos. Pero los Cofrades del Santo Sacramento, sociedad secreta que se había propuesto la reforma de las costumbres, se sintieron aludidos y consiguieron que el rey retirara la obra. En 1667, Luis XIV autorizó una segunda versión dulcificada que, en ausencia del monarca, fue de nuevo prohibida por la policía de París. Estas censuras excitaron el ingenio de Moliére para ofrecernos la obra maestra que hoy conocemos, de sutil y más general crítica, estrenada el 5 de febrero de 1669.
El hipócrita Tartufo, introducido en casa del señor Orgón por la anciana madre de éste, mantendrá a uno y a otra en el engaño de su falsa santidad. Los demás personajes advierten pronto su hipocresía: Damis y Mariana, hijos de Orgón, su cuñado Cleante, su segunda y atractiva mujer, Elmira, y hasta la criada Dorina. Mariana ama a Valerio y éste la corresponde, pero su padre desea casarla con Tartufo. Damis, irritado, quiere intervenir, pero acepta que sea su madrastra Elmira la que intente desenmascararlo. En efecto, convence a Tartufo para que renuncie a Mariana, pero seduce a la propia Elmira. Damis, que lo oye todo, avisa a su padre. Tartufo interpreta ante Orgón la comedia del humillado calumniado. Orgón expulsa de su casa a su hijo, lo deshereda y deja sus bienes a Tartufo. Así las cosas, Elmira debe echar mano a un viejo truco de la farsa y de la commedia dell'arte, que es ocultar a su marido bajo la mesa para que oiga los galanteos de Tartufo con su propia mujer. Naturalmente, Orgón sale indignado de su escondite. Pero Tartufo pasa de su descubierta máscara de hipócrita a las amenazas. Lleva a un alguacil a la casa para expulsar a Orgón y a su familia por haber dado cobijo a un proscrito. Finalmente, Moliére utiliza la carta del deus ex machina de los poetas antiguos que solucionaban lo que parecía irreme¬diable. El dios es aquí el rey -como en los dramas españoles que, conocedor de la ayuda que Orgón le prestó en la lucha contra los frondistas y, por otro lado, de la calaña de Tartufo, manda apresar a éste y anula sus órdenes. Naturalmente, todo acaba bien, como era de esperar, elogiándose al rey al tiempo que se anuncia la boda entre Valerio y Mariana.

LA TRAGICOMEDIA Y LA PASTORAL
En el siglo XVI la afición por lo novelesco condujo, de modo natural, a la tragicomedia. La tragicomedia fue intensamente cultivada en Francia hasta mitad del siglo XVII para declinar a partir de entonces. Como era de esperar, fue atacada por los puristas por las razones ya conocidas: mezcla de tonos e inobservancia de las reglas. Ante estas propuestas, algunos dramaturgos quisieron demostrar que también eran capaces de escribir una buena tragicomedia guardando los conocidos preceptos. Fue el caso, entre otros, de la Clitandra de Corneille. Por lo demás, todos admitían que una tragicomedia debía contar con estas bases:
- el argumento no debía ser histórico;
- siempre debía acabar con final feliz;
- debía tener un desarrollo complicado: disfraces, imprevistos, engaños...
Otro género apreciado a finales del XVI fue la pastoral. Los franceses contaban con un precedente de calidad en el Juego de Robín y Marión, de Adam de la Halle (citado en el capítulo IV). No obstante, con el Renacimiento, los autores franceses pudieron igualmente documentarse en los italianos (Tasso, Guarini) o en La Diana enamorada del español Montemayor. En las pastorales asistimos a apariciones de magos y sátiros, en una intriga poblada de peripecias.
Que en todos los discursos, la pasión conmovida apunte al corazón, lo inflame y lo remueva. Si de un hermoso impulso, el furor agradable con frecuencia no invade de un terror deleitoso nuestra alma, o no excita apacible piedad, en vano presentáis escenas de talento... El primer secreto sea éste: deleitar, conmover. Inventad los resortes que a la obra nos aten.
Que el lugar de la escena sea fijo y bien marcado. Inmune un rimador, de allende los Pirineos, encierra varios años en sólo una jornada. Allí a menudo el héroe de un vulgar espectáculo, niño en el primer acto es ya viejo en el último. Nosotros, que a sus reglas la razón nos obliga, queremos que con arte la acción sea conducida; que en un lugar y un día un solo acontecer hasta el final mantenga ocupado el teatro. Nunca al espectador ofrezcáis lo increíble. La verdad puede a veces no ser lo verosímil.


CARACTERÍSTICAS DEL TEATRO FRANCES
 La palabra teatro proviene del griego y quiere decir: Arte de componer obras dramáticas o de representarlas.
 Los orígenes del teatro los debemos buscar en las iglesias, pues allí es donde aparecieron las primeras obras de teatro, que consistían en la representación de los evangelios.
 El concepto más importante durante el renacimiento era el de verosimilitud, eliminaba lo improbable, lo irracional para enfatizar lo lógico, lo ideal, el orden moral adecuado y un sentido claro de decoro, por tanto, comedia y tragedia no podían ser combinadas, el bien recompensado y el mal castigado.

Los teóricos crearon reglas estrictas:

Una obra solo podía tener una trama, la acción debía desarrollarse en un periodo de veinticuatro horas y en un solo lugar.

Se creía que el respeto por estas normas determinaba la calidad de la obra más que la respuesta del público. Aunque estas reglas se formularon en Italia, fueron adoptadas también en Francia.

La comedia tuvo su apogeo entre 1550 y 1650 y ejerció su influencia desde el teatro de títeres turcos hasta las obras de Shakespeare y Moliere.

El siglo XVII es el siglo de oro para el teatro.

REPRESENTANTES

PIERRE CORNEILLE
. AUTOR: Pierre Corneille (Padre de la tragedia Francesa).

NACE: 1606 FRANCIA.

CARGOS: Comediógrafo, Director.

INFLUENCIA: Héroes clásicos de la antigüedad..

ESTILO: Se caracteriza en un estilo de oratoria y apasionada fuerza y grandeza moral de sus héroes; tambien al estilo Clasicista, Político y Religioso luego de que fuera criticada su obra El Cid por la Academia Francesa.

OBRA: Su primera gran obra es El Cid, inspirada en Las mocedades del Cid, del español Guillén de Castro; Clasicista: Horacio y Cinna son de ambientación romana y tema político; Polieucto es de tema religioso; El mentiroso, basada en una obra de Juan Ruiz de Alarcón.

MUERE: 1684.
CONCLUSION: Se cree que Corneille eligió sus personajes entre los héroes de la antigüedad clásica, porque la perspectiva histórica nos permite reconocer la trascendencia, el significado humano de sus vidas y sus experiencias.

JEAN RACINE
  
AUTOR: Jean Baptiste Racine.
NACE: 1639 FRANCIA.
CARGO: Clásico Francés Dramaturgo.
ESTUDIO: Conocedor de la Literatura Grecolatina, Temas Mitológicos.
INFLUENCIA: Cultura Griega personajes mitológicos convirtiéndolos en seres casi reales.
ESTILO: Tragedia clásica, respeta la regla clásica de las tres unidades tiempo lugar y espacio. Combina los versos clásicos con temas mitológicos.

OBRAS: Su obra maestra FEDRA  sobrecogedor análisis de la pasión y culpa; inspirada en Eurípides (La imposible pasión de la protagonista por su hijastro el bello Hipólito), Andrómaca, Británico, Berenice,  Ifigenia y Mitríades, aunque también compuso obras de tema bíblico, como Ester y Atalía.

 CARACTERISTICAS: Sus piezas, de gran belleza formal, tienen una escasa complicación argumental (a diferencia de las de Corneille, con quien rivalizó en la escena), pero una enorme fuerza en la representación de las pasiones humanas. Los versos de Racine son muy trabajados y musicales, y sus obras suelen respetar la regla clásica de las tres unidades.
MUERE: 1699
CONCLUSION: Sus obras, como la de los trágicos griegos, presentimos la invisible presencia del destino, contra el cual no pueden luchar los personajes, envueltos en sus pasiones.

MOLIERE
AUTOR: Jean-Baptiste Poquelin (Molière).
NACE: FRANCIA 1622.
CARGO: Dramaturgo, Actor, Director, comediologo de su propia compañía teatral y representaba obras que el mismo escribía. Luis XIV lo nombra Director del teatro de la corte.
ESTUDIOS: Conocedor y admirador de la Comedia Latina de Plauto.
INVENTOS: Es el creador de la comedia moderna,  De carácter satírico.
INFLUENCIA: Entre sus influencias podemos citar las comedias de “Plauto”, en especial en el caso de Anfitrión. El avaro se inspira en un personaje de la Aulularia.
ESTILO: COLOQUIAL  y un modo más Natural.
OBRAS:
El médico volador (1645)
El atolondrado o los contratiempos (1655)
El doctor enamorado (1658)
Las preciosas ridículas (1659)
La escuela de los maridos (1661), entre otras.
CARACTERISTICAS: Sus obras son de carácter satírico le granjeó muchos enemigos, pero Molière gozó de la protección del rey Luis XIV, quien le admiraba mucho.
MUERE: 1673.
NOTA: Un tiempo después de su muerte acaecida en 1673, su compañía fue fusionada, por orden de  Luis XIV con otros de Paris. De esta  fusión surge, en 1680 la Comedie – Francais, aun existente y hoy la compañía de teatro estable más antigua del mundo.